Julián Mantle era un brillante y temible abogado con delirios de grandeza, dispuesto a trabajar dieciocho horas diarias para alcanzar el éxito, su abuelo fue un destacado cenador, el padre de Julián era un juez federal con una muy buena reputación.
La gente rica y famosa se arrimaban a el siempre que necesitaban unos servicios de un estratega con un deje de agresividad.
Una vez eligió a una persona cuya historia no era exactamente la mejor para defender un caso de asesinato para el elegido fue mucho más que una clase sobre como plantear una pregunta razonable en donde no había, pero tras esa capa de irritable había una persona que se preocupaba de ver por los demás, era bastante duro con los colegas pero nunca dejo atrás a un amigo, el verdadero problema era que Julián estaba obsesionado con su trabajo, era…. Obsesivo compulsivo.
Y a medida que creció su fama de abogado brillante su trabajo no dejaba de aumentar, ya que Julián no era de los que se esfuerzan demasiado, continuo forzando la maquina, con el tiempo Julián necesitaba mas prestigio, más gloria, más DINERO.
Se convirtió en un esclavo del reloj eso lo convirtió más, obsesivo con su trabajo. Ya a sus cuarenta años parecía de setenta, ya con arrugas, se quejaba de que estaba enfermo y cansado de estar enfermo, ya había perdido el sentido del humor reía muy poco casi nada, en otras palabras la chispa de Julián ya no serbia.
Después ocurrió el ataque al corazón que le regreso a la vida de quien era antes de querer ser mas famoso (el mejor de todos).
Moraleja
Las obsesiones no son buenas ni para el alma ni para la salud

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